Cuando apareció el debate sobre si usar o no la IA en las aulas me acordé de una charla con mi suegro. Ahora está jubilado hace muchos años pero fue maestro de matemáticas y cuando empezaron a aparecer las primeras calculadoras, él estaba en el bando de prohibirlas: ningún chico iba a terminar aprendiendo las tablas o a dividir por tres cifras.
La prohibición, sabemos, duró poco y la calculadora ganó esa batalla. Hoy nadie discute si usarla; se discute para qué se usa.
Hay un artículo muy breve de Pedro Ramos Alonso acá sobre el uso de la aritmética en la primaria. Lo había leído hace años y —aunque me costó un poco volver a encontrarlo— quería compartirlo. Allí, el profesor Ramos menciona algunas razones muy atendibles sobre por qué sí aprender a hacer cuentas con lápiz y papel. Primero, tener el recursero numérico en la cabeza (o en cualquier caso en los dedos) para que nos auxilie, por ejemplo, en el supermercado; segundo, como recorrido necesario para aprender las bases y los detalles de las matemáticas; y por último, desarrollar la concentración, el esfuerzo y la atención al detalle.
Con la IA estamos en el mismo punto, pero con una diferencia de fondo: una calculadora en la escuela no podía resolver una ecuación entera, la IA sí.
En el caso de los textos, podemos pedirle el resultado final y el procedimiento sin que hayamos analizado demasiado la cuestión. Tenemos de pronto introducción, desarrollo y cierre, un poco torpes, es cierto, pero esto solo va a perfeccionarse con el paso del tiempo.
Ahora bien, escribir no es acomodar palabras. Antes hay que decidir qué se quiere decir, para quién, desde qué mirada, con qué estilo, registro, extensión y compromiso público.
Pero si podemos pedírselo a alguien, los humanos lo haremos. Asistentes, escribas, escritores fantasmas, contenidistas de todo tipo han dado cuenta de ello por siglos.
El problema tal vez empiece cuando un niño o un joven le delega todo el proceso, en especial, el pensamiento.
Mi suegro terminó usando calculadora, como todos. Y supongo que la pregunta real nunca fue si usarla o no, sino qué parte del cálculo seguía siendo suya.



